jueves, 11 de septiembre de 2014
domingo, 27 de abril de 2014
CRÍTICA - SEBADOH (Defend Yourself, 2013)
Hay bandas sin las cuales el paso del tiempo es el doble de lento. Sus notas agilizan esos días espesos, pastosos y apáticos. Si este tiempo se convierte en años, catorce para ser exactos, pues el caso puede llegar a ser casi de análisis clínico. Pero menos mal. Los Sebadoh se han desperezado. Tras unos cuantos bostezos y estiramientos, Lou Barlow y compañía han entrado en el estudio y han cocinado un plástico que se puede paladear una y otra vez sin que éste pierda una pizca de sabor.
"I Will" es la elegida para quitar las telarañas. Pop rock de alto voltaje macerado en una melodía vocal marca de la casa Barlow. Es una buena apertura ya que nos da pistas de lo que este Defend Yourself nos deparará. "Love You Here" asienta las vigas sobre las que se va a edificar el disco: un sonido austero pero bien equilibrado, sin adornos, con melodías de calidad y, ante todo, sincero. "Beat" es el primer corte que entra en el reino Encima de la Media con una línea de bajo pegadiza y potente empapada por una guitarra sucia y descarnada. "Defend Yourself" sigue la línea de "Beat". Contiene un intervalo de apenas unos segundos donde parece que los Earth se apoderan de los instrumentos. El puente también rememora a los Radiohead computerizados de 1997, pero con el sello Sebadoh. El corte que le sigue, "Oxigen", es una píldora pop que nos recuerda por qué Barlow era tan clave como J. Mascis en los Dinosaur Jr.
En el ecuador del disco nos encontramos con "Once", sorprendente pieza instrumental que, pese a no tener el baluarte de la voz de Barlow, se encuentra entre lo mejor, sin duda, de Defend Yourself. "Inquiries" y "State of Mine" son un giro sutil hacia un camino en cuyo horizonte se dejan ver destellos de los Creedence. "Final Days" es un portazo en los morros. Volvemos a los noventa. La faringe de Barlow firma la mejor colección de notas del álbum. El reverb le va muy bien.... y no hablemos del punteo de Primero de Primaria de guitarra: extraordinario.
Siento si repito en exceso la palabra MELODÍA. Me lo van a permitir. Esto es así. Esto es "Can´t Depend": canción sublime donde las haya. Todo es perfecto. La voz, el bajo, la guitarra (otro brutal punteo de parvularios), el sonido... Sencillo y apabullante. Sí, con Sebadoh estos dos adjetivos suelen ir de la mano, aunque a muchos les duela. "Let It Out" instala la primera bajada de revoluciones en toda regla que bien podría haber pertenecido a algunos de los discos en solitario de Lou Barlow. Le sucede
"Listen", un compendio de buenas ideas que materializan una canción que va mejorando a base de matices y un riff muy acertado. "Separate" cierra el disco a cámara rápida, sellando un tema que recuerda a los últimos Pearl Jam.
Defend Yourself es un retorno que debería provocar envidia a todas esas bandas que han vuelto a publicar un trabajo después de diez años o más. Es, ante todo, una buena colección de canciones grabadas sin pretensiones, con el sonido fiel que caracterizó a estos estadounidenses a principios de los noventa. La tendencia general del álbum es de notable alto, pero hay ciertos temas (Once, Final Days y Depend) que convierten Defend Yourself en una grabación indispensable para aquellos que les interese lo acontecido musicalmente en los EE.UU. a finales de los ochenta y, sobre todo, es de escucha obligatoria para los incondicionales de estos genios de Massachussets.
miércoles, 16 de abril de 2014
CRITICA - SOUNDGARDEN (King Animal, 2012)
La banda que una vez, allá por 1986, fue la proa de lo que a la larga se denominaría movimiento grunge ha regresado. Tras catorce años de devaneo, que no de inactividad, los miembros de Soundgarden se han encerrado en un estudio y han parido King Animal, un trabajo que sería notable si éste no estuviera firmado por una marca tan seguida y alabada como Soundgarden, la cual sus integrantes han utilizado para publicar un trabajo ramplón que está por debajo de sus posibilidades.
Camino allá por donde el río acumula más barro. Huele mal. Me pongo en situación y le doy a "reproducir". "Been Away Too Long" es buena elección para abrir el álbum, todo un sencillo, aunque ya se puede adivinar el sonido que va a envolver a los trece temas de este King Animal. Lo mejor de la canción es el puente, que contiene un cambio de ritmo del bajo y un punteo geniales. Tranquiliza saber que Ben Sheperd, el bajista, sigue aportando detalles de suma importancia a las composiciones de Kim Thayl y Chris Cornell."Non And Dash: State Actor" es buena aunque no se mueve del raíl de "Been Away Too Long". Destaca el grito de Cornell. "By Crooked Steps" sí es una apuesta por los graves y por los contratiempos que inundan los discos de la primera mitad de los noventa. Si hablamos de contratiempos en la batería podemos asegurar que el protagonista de este corte es Matt Cameron, que nació para estar en este grupo y sin el cual las líneas melódicas de Cornell y Thayil perderían demasiada valía. "A Thousand Days Before" es floja, en todos los aspectos, pero destaca el intento de Cameron por resucitar la voz de Cornell, que no puede evitar hundirse en la apatía general que escupen los de Seattle. "Blood On The Valley Floor" es una carta en cuyo remitente pone grunge, por poner una etiqueta con la que nos entendamos. El punteo de Thayil serpentea las voces de Cornell y es una señal de que, si quieren, pueden. Oigo los primeros segundos de "Bones Of Birds". Sí, el plástico va oliendo a fango, un tanto líquido, pero fango. Los bastonazos del bajo en la parte final redondean una canción sobresaliente, en todos los sentidos de la palabra. Es difícil que algún tema supere a éste. Me siento en una parada de autobús para concentrarme mejor.
"Taree" tiene un estribillo pegadizo suturado por una guitarra a la que le hubiera venido bien un poco más de distorsión. Me levanto de la parada y me alejo más del centro de la ciudad. En mitad de la canción se quedan sin ideas... salvo al final, cuando un excelente punteo repetitivo hace que "Taree" termine con mejor nota de la que cabía esperar a principios de curso. "Attirction" suena a Down On The Upside (1996), pero peor. Lo mejor: los coros agudos. "Black Saturday" es un rito de paso. Parece que la costumbre antigua de dividir los elepés en caras A y B ha vuelto en este King Animal, lo que es preocupante ya que la parte A no es para que te salgan flores de los tímpanos. "Halfway There" es una buena canción pop pero necesita más garra que un águila mutilada. Es disfrutable. Con "Worse Dreams" Sheperd vuelve, y es de agradecer. Una estupenda línea de bajo es arropada milímetro a milímetro por una guitarra con reverb. Funciona. El estribillo también es pegadizo pero a alguien se le olvidó enchufar la pedalera, el DS-1, el Bigmuff o lo que diablos utilice Thayil. "Eyelids Mouth" confirma que Cornell hace muy buenas melodías vocales y tiene un buen final, pero uno no puede evitar preguntarse... ¿Dónde se han metido los Soundgarden en los últimos veinte minutos?.
Disco muy esperado y, por tanto, muy susceptible de decepcionar. Recuerda a Soundgarden por la voz de Cornell pero apenas suena a Soundgarden. No tiene ni mala leche, ni rabia, toda la que inundará a aquel oyente que espere un Badmotorfinger (1991), o un Superunknown (1994) o incluso el mencionado y minusvalorado Down On The Upside. Por supuesto no quiero mencionar a los anteriores Louder Than Love (1989)y Ultramega OK (1988), paradigmas y génesis del pesado sonido engendrado en el Noroeste de los Estados Unidos
martes, 12 de marzo de 2013
Hobo with a shotgun (2011)
Un vagabundo deambula por las peligrosas calles de Fucktown. Sus escasas pertenencias las transporta en un carro de la compra mientras contempla todo tipo de delitos atroces. Tras evitar que una joven prostituta sea agredida, cree que debe actuar y decide eliminar a la banda que tiene sometida a la ciudad. No tiene nada que perder. Su arrojo y una escopeta recortada serán sus únicas armas.
Durante los primeros segundos de Hobo with a shotgun da la impresión de que el espectador está ante un proyecto con tintes "tarantinescos" y trazos de los western de Leone. La banda sonora, lo títulos de crédito y la fotografía invita a ello indudablemente ya que el primer largometraje de canadiense Jason Eisener es un homenaje, y algo más. El homenaje tiene como objetivo devolverle el favor al western y al thriller policiaco de los sesenta y los setenta. Eisener no se corta. Utilizar el technicolor en el cine actual es tan raro como ver a Bogart interpretar el papel de El Nota Lebowski. Es extraño, pero es un gustazo, sobre todo si vas a hacer una película violenta pues la sangre toma un poco más de protagonismo. Y esta es una película, ante todo, violenta en el aspecto visual y dialéctico. Eisener no se esconde y parece que le importa un rábano lo que es políticamente correcto. Expresa lo que quiere expresar cueste lo que cueste aunque, en ocasiones, pueda parecer un tanto efectista.
Toda maldición y toda bala han de tener a un personaje que pulse el botón "on" en el panel de destrucción. Este personaje es el vagabundo, a quien da vida Rutger Hauer (Utrecht, 1944). Hauer es, sin lugar a dudas, el estandarte del título. Sobre sus hombros recae casi todo lo que acontece en el guión de John Davies, que no sólo plasma cinismo y depravación en el texto, sino también compasión y empatía. Hauer muestra sus dotes para enternecer con una mirada, como ya hizo con la inolvidable La leyenda del santo bebedor, y para encarnar a un tipo con muy mal genio (todos recordamos Blade Runner). Uno de los elementos destacados de Hobo with a shotgun es Gregory Smith (Toronto, 1983), integrante de la serie Everwood , y quien trabajó en 2007 con Richard Attenborough en Dentro del círculo. Smith interpreta a Slick, un personaje particularmente despiadado cuyo objetivo es ser un digno heredero de su padre, también practicante de aberrantes costumbres, cuyo papel recae sobre Brian Downey, conocido por la serie de ciencia-ficción Lexx.
Durante los primeros segundos de Hobo with a shotgun da la impresión de que el espectador está ante un proyecto con tintes "tarantinescos" y trazos de los western de Leone. La banda sonora, lo títulos de crédito y la fotografía invita a ello indudablemente ya que el primer largometraje de canadiense Jason Eisener es un homenaje, y algo más. El homenaje tiene como objetivo devolverle el favor al western y al thriller policiaco de los sesenta y los setenta. Eisener no se corta. Utilizar el technicolor en el cine actual es tan raro como ver a Bogart interpretar el papel de El Nota Lebowski. Es extraño, pero es un gustazo, sobre todo si vas a hacer una película violenta pues la sangre toma un poco más de protagonismo. Y esta es una película, ante todo, violenta en el aspecto visual y dialéctico. Eisener no se esconde y parece que le importa un rábano lo que es políticamente correcto. Expresa lo que quiere expresar cueste lo que cueste aunque, en ocasiones, pueda parecer un tanto efectista.
Toda maldición y toda bala han de tener a un personaje que pulse el botón "on" en el panel de destrucción. Este personaje es el vagabundo, a quien da vida Rutger Hauer (Utrecht, 1944). Hauer es, sin lugar a dudas, el estandarte del título. Sobre sus hombros recae casi todo lo que acontece en el guión de John Davies, que no sólo plasma cinismo y depravación en el texto, sino también compasión y empatía. Hauer muestra sus dotes para enternecer con una mirada, como ya hizo con la inolvidable La leyenda del santo bebedor, y para encarnar a un tipo con muy mal genio (todos recordamos Blade Runner). Uno de los elementos destacados de Hobo with a shotgun es Gregory Smith (Toronto, 1983), integrante de la serie Everwood , y quien trabajó en 2007 con Richard Attenborough en Dentro del círculo. Smith interpreta a Slick, un personaje particularmente despiadado cuyo objetivo es ser un digno heredero de su padre, también practicante de aberrantes costumbres, cuyo papel recae sobre Brian Downey, conocido por la serie de ciencia-ficción Lexx.
Una película sangrante, incómoda, no apta para todos los estómagos. Tiene un envoltorio de caramelo ácido para quienes busquen películas con un nuevo concepto de maldad y violencia cuasi gore. Véase solo o, en todo caso, en compañía de amiguetes atiborrados de protector estomacal.
sábado, 8 de diciembre de 2012
CRÍTICA - DINOSAUR JR ( I Bet The Sky, 2012)
Después de una semana de idas y venidas caleudoscópicas, de bajadas y bajadas a los infiernos, me he levantado dispuesto a correr. Me asomo por la ventana. Llueve. Hace frío.La lógica me dice que no salga ni a por pan, pero la lógica es un estamento mental racional al que, paulatinamente, estoy dejando de lado.Bueno, que empiezo a correr huyendo de yo qué sé. Veo lo que tengo en el mp3 y todo me aburre... hasta que me encuentro con el nuevo plástico de Dinosaur Jr: I Bet The Sky. Algo nuevo, pensé, aunque sea de una banda que no me ha dado excesivas alegrías en los últimos años, sobre todo desde que la formación inicial se separara debido a un choque de trenes de la empresa EGO, dirigida por J. Mascis (cantante y guitarrista) y Lou Barlow (bajista). A Barlow sí le he seguido la pista, y con mucho gusto, ya que fundó a mis imprescindibles Sebadoh.
Éste es el tercer LP de los de Amherst, Massachusetts,desde que volvieran en 2005 a los ruedos rockeros. Tras Beyond (2007) y Farm (2009), dos discos muy aceptables si se tiene en cuenta lo que se esperaba de ellos, aparecen con este I Bet The Sky. Entre resoplidos y gargajos me doy cuenta de que estoy ante un trabajo rock con muchos tintes pop. Creo que es la sangre, que no me llega a los oídos, ya congelados. Pasan los primeros cortes y no oígo esas guitarras distorsionadas hasta el extremo, pero las melodías son muy disfrutables. El comienzo stoner de "Watch the Corner" desembarca en un sonido pop, que resume muy bien lo que nos espera. Empieza "Almos Fare"... siguen siendo ellos, pero no con los mismos instrumentos. El caso es que me gusta. Jódete, pienso. Lugo me quedo más agusto cuando las guitarras toman el mando... y vuelta a empezar.
El ramalazo pop continúa con "Stick a Toe In". No lo digo en tono peyorativo. La línea vocal de Mascis es genial y el resto de integrantes le acompañan de forma efectiva aunque a un volumen mucho más bajo de lo que nos tienen acostumbrados los dinosaurios norteamericanos. El tema "Rode" es divertido. Es pegadizo y me hizo acelerar la marcha, lo que sin duda pagué poco después. Aquí la distorsión de la guitarra en el punteo sí es marca de la casa. La buena melodía y el pop continúan con "I Know It Oh So Well", pompa de chicle barnizada con saturación y wah. El génesis de "Pierce the Morning Rain" parece una versión de "Scentless Apprectice" de Nirvana agitada con los últimos Foo Fighters. El resto del tema es puro Dinosaur Jr. "What Was That" baja el tempo con elegancia a base de golpes de bajo, lo que echas de menos en el resto de canciones. Sí, una pega, Barlow parece un espectador más en lo que a sonido se refiere. Suya es la composición de "Recognition", cuyo riff es una auténtica maravilla que parece sacada de trabajos de Sebadoh como Backsale y Bubble Scrape. "See It On Your Side" aporta un punteo genial, lo que quiere decir que el virtuosismo de Mascis como guitarrista no sólo sigue igual sino que ha mejorado. Y no sólo es virtuosismo, gracias a Dios, sino también es gusto y sentimiento. Todo el LP está plagado de buenos y sinceros punteos que acarician el blues y abrazan al rock.
Si te conquistaron con aquellos increíbles You´re Living All Over Me (1987) y Bug (1988), I Bet The Sky te gustará. Si no los conoces puede que este largo te guste más que a los incondicionales seguidores que hincaron la rodilla ante aquel sonido rompedor que revolucionó el rock independiente norteamericano de los ochenta.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
CRÍTICA - El festín de Babette (Babettes gæstebud,1987)
Entre sorbos de café y vistazos a las esquelas del periódico local, me topé con las películas que se estrenaban ese tormentoso fin de semana. Al finalizar el exhaustivo estudio de las novedades, las sesiones y los cines donde las proyectaban, me llamó la atención la fecha de realización de uno de los títulos: 1987. Ha llovido un poco... y yo tenía cinco años cuando "El festín de Babette"consiguió el Oscar a la Mejor Película Extranjera. Sí, hablo de un reestreno, ese acontecimiento poco común que hace las delicias de ciertos mitómanos-cinéfilos que suele llegar cuando el barro ya te llega a la nariz y piensas que todo está perdido.
Babette (Stepháne Audran) es una mujer parisina que huye del horror de la Comuna francesa. A través de una recomendación la joven comienza a trabajar como asistenta en una aldea puritana cercana a Jutlandia. Allí cocina para dos ancianas hermanas, hijas de un benerado pastor que ha mantenido a sus hijas apartadas de todo contacto con los hombres. Los años pasan en el remoto rincón danés y Babette sigue cocinando según la tradición del lugar. Un día Babette recibe una carta de París en la que se le notifica que ha ganado un premio de lotería, por lo que decide dar un banquete al más puro estilo francés, poniendo a prueba así las convicciones religiosas de sus invitados.
Lo primero que llama la atención cuando se visiona el film es que ha pasado el tiempo. La pantalla, acostumbrada a imágenes metro sexuales e impolutas, toma la forma de un lienzo desquebrajado en el que se estrella la luz y, por ende, las fotografías que escupe el proyector. La copia está sucia. Normal. Empezamos con buen pie. El comienzo es un tanto espeso, como esa sopa de arroz que lleva diez minutos servida. Se hace esperar. El extarordinario trato del color, dominado por la buena utilización del claro-oscuro, realza una historia que te quiere llevar a una situación que el espectador conoce, que la ansía, por lo que la espera es aún más larga. Después del excesivamente largo flashback, Babette toma las riendas de la historia... y todo cambia.
Audran, con su extraña belleza y su comedida actuación, te conquista. Ella es la estrella, y la secuencia del banquete es el culmen. Todo está cuidado al mínimo detalle y la elaboración de los platos cocinados, en el siglo XIX, como la sopa de tortuga, las codornices en sarcófago, los vinos, el champán... traspasan la pantalla. Llega un momento en el que crees que estás oliendo. Con los comensales y la comida llega el humor. El cócktel es perfecto. La sonrisa del espectador es cada vez más ámplia y el final te sacia bondad. Salgo del cine y mi mente crea una imagen: un plato blanco, hondo, repleto tiras de celuloide, como si fuesen unos fetuccini. Tras ver Babette no puedes evitar pensar, aunque sólo sea un segundo, que todo es un poco más mediocre.
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