Me gustaría bautizar el apartado de "crítica" con aguas más sublimes y frescas, pero no va a ser así. Estaba yo dudando anoche entre ir a ver la última de Clooney, o bien, dármelas de cultureta, e ir a ver el último trabajo (estrenado ahora en España) de una legenda viva del cine francés: Alain Resnais (Vannes, 1922), quien dirigió Hiroshima mon amour, obra que le hizo formar parte de la nouvelle vague, junto a Truffaut, Godard y Chabrol, entre otros . He de decir que uno de los anzuelos que me atraparon en esta red de fraternidad, igualdad y libertad, pese a la marea de celuloide presente en la cartelera, fue su protagonista: el gran André Dussollier, quien me cautivó con su papel en La alegría de vivir, unos de mis títulos preferidos de todos los tiempos. Aquí, en Las malas hierbas, da vida a un personaje totalmente opuesto a aquél, es decir, un tipo raro, amargado, con un pasado oscuro... y cumple con creces. Debe ser que tanto Resnais como Dussollier saben lo que el uno quiere del otro, conocen qué quieren conseguir y hasta dónde pueden llegar ya que han coincidido en varias ocasiones: Mélo, On connait la chanson y El amor ha muerto. Bueno, protagonista a parte, el film naufraga casi desde el principio. Al comienzo, en los primeros diez minutos, el espectador puede pensar que tiene delante de sus ojos un proyecto que quiere emular a Amelié, pues casi todo hace pensar en ello... pero, pasado un cuarto de hora, esa esperanza desaparece como se esfuma la idea de que se trata de una comedia. No tiene gracia. El argumento promete, después se convierte es una situación un tanto surrealista, lo que no está mal, pero si a una situación surrealista la empiezas a marear a golpes de timón, pues te das cuenta de que podría aparecer Moby Dick dando coletazos y tendrías que pensar: "Bueno, pues será así". Se trata de un capricho que quiere buscar la ambiguedad de género y, lo que consigue, es una dosis de aturdimiento y confusión para nada saludable.
Como toda película, extraordinaria o lamentable, tiene varios aspectos positivos. Lo que más me llamó la atención fue el uso de la luz en los exteriores. Es muy original. A veces te da la sensación de que estás en una película de ciencia-ficción, sobre todo cuando la protagonista (Sabine Azéma) conduce su coche por el centro de la ciudad, con el predominio del rojo y del azul eléctrico También me alegró saber que un director como Resnais, con noventa años a sus espaldas, no se le ha olvidado lo que el hábil uso de la elipsis supone para el cine. Por último destacar los decorados de interiores, en especial las casas de los protagonistas, que sin una palabra ya dibujan el carácter de cada uno. Por lo demás, nada. Aparecen los títulos de crédito y se te queda cara de idota y, no sé por qué, pensé en Clooney. ¿Ya ha terminado?, ¿Cuál era el pasado oscuro de él?, ¿Era un asesino hace años? Y para terminar con buen sabor de boca aparece en la pantalla una niña que pregunta a su madre que si, cuando ella sea un gato, podrá comer gominolas... espero que no hagan Las hierbas podridas para responder a la chiquilla, vayamos a que se atragante y haya que reírse.
(2009)_movie_poster_pelicula.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario