Siempre que camino hacia el cine, si voy solo, escucho un disco. Intento repasar trabajos que ya conozco para que, si tengo que dejarlo a medias, no me preocupe que la interrupción influya en mi juicio final. Siempre trato de oir un plástico nuevo del tirón, como quien ve un cuadro o lee un relato corto. Aquella noche de verano decidí ir a un cine bastante lejano, por lo que pensé que sería una buena ocasión para escuchar un nuevo cd que me había llegado a las manos: Infinitheart , el primer largo de Chad VanGaalen. No conocía de nada a VanGaalen, un canadiense que había actuado en el Primavera Sound de de 2009. Desde los primeros segundos del corte inicial de Infiniheart se puede intuir que algo especial puede esperar al final de los cincuenta y siete minutos que dura el álbum. Yo escuché la versión de 2005, la alternativa presentada por Sub Pop, que compró el primer trabajo de VanGaalen a Flemish Eye, un pequeño sello de Calgary que en 2004 apostó por el joven oriundo de Alberta. Sub Pop recortó siete minutos del proyecto original y, pese a reconocer que no he escuchado el LP de Flemish Eye, me quedé impactado por las canciones enfrascadas en Infiniheart.
Uno de los aspectos más importantes a la hora de desvirgar un disco, a mi juicio, es buscar los elementos que lo hacen destacar, o sucumbir, y pensar si cada corte te ha hecho pasar un buen rato. Si, por ejemplo, hay diez cortes de doce que te han gustado mucho, y dos te han dejado más bien indiferente, es que estás ante una grabación enorme, según mi opinión. Con Infiniheart no tuve problemas para descubrir qué era lo que destacaba. La voz de VanGaalen es aguda, muy personal, puede que sea un zumo de Drake y Neil Young. Funciona mejor cuando el canadiense dobla su propia voz, a modo de coro, aunque los susurros de VanGaalen te llegan al alma de cualquier manera, incluso con el silencio. También resalta lo personal del proyecto ya que el músico toca todos los instrumentos y él mismo fue quien los grabó en el estudio de su casa. Y eso se nota. Puedes respirar que hay libertad, que hizo lo que quiso. Utiliza una batería con sonido austero pero eficaz, sintetizadores, flautas, violines, guitarra eléctrica, bajo... parece que va completando un puzzle a golpe de intuición. Infiniheart es un cúmulo de antojos, diría yo. La suavidad de "After the Afterlife", el sintetizador mezclado con la guitarra en "Kill Me in My Sleep" y "JC´s Head on the Road", la preciosa melodía folk-pop de "I Miss You Like I Miss You", el final instrumental de "1000 Pound Eyelids", el ritmo pegadizo a más no poder de "Traffic"... son sólo un ejemplo de guardaespaldas respecto a las reinas del baile, encabezadas por la lánguida y perfecta "Blood Machine", la potente y ambivalentemente distorsonada "Echo Train", la melodía pop con cambios a lo Nirvana defendida en "Red Blood" y el sonido far west que sucumbe en "Sunshine Snare Hits" coronan un disco rey. Indispensable para mí y , por lo menos, merecedor de una eschucha por parte de cualquier persona que le interese la música contemporánea.
Recuerdo que llegué al cine antes de que VanGaalen terminase de tocar, y me salté la sesión, litro en mano, cigarro en boca, deleitándome con una nueva escucha, en una fresca plaza del Zaidín.

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