miércoles, 12 de septiembre de 2018

CRÍTICA - Happy End (Haneke, 2018)

Haneke. El nombre implica devoción y repulsión a partes iguales, lo que quiere decir que el estreno de una de sus obras suele provocar aceptación, rechazo, expectación... toda una serie de calificativos contradictorios. Pues su último título, Happy End, no merece la controversia digna de otras películas, como la más reciente, Amor, del ya lejano 2012, o Funny Games, en cualquiera de sus versiones. La razón de este frío recibimiento no es otro que el mismo frío que rezuma el film.

Haneke muestra en Happy End una versión anodina y más bien inerte de su cine. Pero es honesto. El propio título ya lo advierte, a modo de lo que hoy llaman spoiler. El espectador que se acerque al film, si está iniciado en el universo del austriaco, puede esperar, con toda la razón, un metraje plagado de mala uva, desasosiego y con un final monstruoso. Pues hay de todo, pero con falta de mordiente.

La película ofrece varias historias que reflejan el devenir de una misma familia. La decadencia de la misma, y los desgraciados episodios que la acompañan en poco tiempo, son temas y tonos familiares en el cine de Haneke. La diferencia es que el director se ha tomado una especie de revancha contra aquellos que le criticaban por el incisivo tono amargo y denostado de su filmografía. Estamos ante un discurso que intenta plasmar el talante opresivo y negativo de otros títulos, pero con cierta sorna. Todo resulta, pues, artificial y engañoso.


Happy End es descaradamente gélida. La cámara sigue a los personajes desde la letanía, a distancia, sin cortes, y los deja deambular solos, alejando al espectador de los detalles. Lo que importa para Haneke es crear una atmósfera de incertidumbre y desamparo. Pero el peligro en el que puede caer el realizador, y aquí lo hace, es  en desconectar con el público. 

El lenguaje cinematográfico puede sobrevivir a este desapego hacia el espectador si se siguen la líneas de un guión acertado, pero no estamos ante ése caso. Las escenas se suceden con más pena que gloria. Algunas son, directamente, desechables o merecedoras de sufrir un amplio recorte en la sala de montaje. Excentricismo por excentricismo.


El lado positivo: el elenco de actores está superlativo. Jean - Louis Trintignant repite hazaña a sus 87 años. El francés ya estuvo insuperable en Amor, y en ésta, la película que supone, según ha declarado, su retirada del cine, no escatima en mostrar un reflejo de abandono, desidia y cansancio que corresponde al estado vital del personaje. Isabelle Hupper también repite con Haneke tras la aclamada La Pianista. La francesa interpreta a la figura central de la trama familiar, y cumple de sobra con un personaje contenido y tibio, que casa perfectamente con los personajes a los que suele dar vida la actriz.

A destacar el papel de niña psicópata que asume la jovencísima Fantine Harduin, cuyo personaje salva al film de sucumbir ante la caricaturización que hace Haneke  de su propio cine. Humor negro sin gracia y un impostado positivismo son ingredientes para un cine menor,  no digno del director austriaco.

Lo mejor: Los actores protagonistas y el descubrimiento de Harduin.
Lo peor: La debilidad de la propuesta y el frío que suscita.
Nota: 4







jueves, 18 de febrero de 2016

CRÍTICA - ULISES LIMA (For All That Matters, 2015)



Parece lejana  aquella década de los ochenta. Tal observación nos hace sentir un poquito más mayores a aquellos que, de una u otra forma, vivimos aquellos años. A día de hoy aquella década está de moda. En general me parece una mala idea; una iniciativa ñoña y vintage que, eso sí, funciona con USB y batería de litio, vayamos a que se me joda mientras voy en la bici.

Por eso ha sido una muy grata sorpresa encontrarme con un grupo actual que actúa de máquina del tiempo. Me hacen viajar a Washington DC. Fecha de avistamiento: 1980. Joder, miro a mi alrededor y veo a una multitud de desalmados con cresta machacándose los unos a los otros a ritmo de pogo. Y en ése escenario está la banda que es el objeto de nuestra mirada telescópica:Ulises Lima. Me dicen que son españoles. No me lo creo. Les pido el DNI. Son de Madrid. Dios.

Perdonen esta fantasía matinal sabor a earl grey, pero es lo que invade mi mente al escuchar su último elepé: For All That Matters.

En su primera escucha el plástico emite un olor  a Dischord Records que es, en primera instancia, tan agradable como le puede parecer a una distinguida dama el aroma a Chanel Nº5. Mientras se despiezan los diez cortes de los que se compone el álbum, veo imágenes de Ian Mackaye saludando a unos  Rites of Spring pasados por una Thermomix marca Fugazi. Pero Ulises Lima es algo más que una banda que rinde, sin dudas, un estupendo homenaje a la escena hardcore de la capital de los Estados Unidos de los años ochenta.

La formación madrileña, compuesta por Paul, Ramon y Tote lleva funcionando desde principio de la década. Tan sólo a golpe de sencillos y pequeñas grabaciones (me refiero a la ínfima opulencia financiera de las sesiones) Ulises Lima ha luchado por hacerse un hueco, a base de codazos, en el panorama musical patrio que necesita urgentemente de savia nueva que se desmarque de la masiva tendencia pop que llena blogs y sellos discográficos por doquier.

For All That Matters, publicado en España por Caleiah (casa de nombres tan interesantes como Rollercoaster Kills ó Hurricade) y por Good Post Day Recs (Inglaterra), es el mejor trabajo del trío. Es más melódico, más intenso  y  está mejor compuesto que el notable Waiting For The Summer. Las canciones, registradas en Holy Tubes en tan sólo dos días, son un ejemplo de cómo una banda puede sonar a lo que pretende y a muchas  cosas más de las que se les presupone. Se dice que son emo. Yo, partiendo de que la etiqueta es, cuanto menos, sospechosa, considero que Ulises Lima son punk, hardcore, rock…. Escuchen el corte que abre el disco, Wage, y juzguen por ustedes mismos.
Los trallazos típicos del género se mezclan con cambios de velocidad e intensidad que hacen que el oyente no se pueda acomodar a un solo sonido. Éste es uno de los grandes méritos de este For All That Matters, que responde a una etiqueta en concreto, el hardcore, pero que la moldea, la estira y la moja, añadiendo así un incentivo en vías de extinción: el lenguaje propio. Estamos pues ante la mejor entrega de una banda joven que, si sigue apostando por su propio instinto, nos va a dar más de una buena noticia en el futuro, que se presenta en forma de polaroids digitalizadas repleta de bandas pop que no dicen nada en absoluto.




lunes, 30 de noviembre de 2015

Una pastelería en Tokio (An, 2015)

Sentaro es un pastelero que regenta su propio negocio en Tokio. Los dorayakis que prepara Sentaro, pese a no ser extremadamente buenos, gozan de buena fama entre sus fieles comensales. Cierto día aparece por el local una anciana, quien se ofrece para trabajar en la pastelería. Pese al inicial rechazo de Santaro, éste la contrata y la mujer le enseña a elaborar An, la pasta dulce de habichuelas de la que están rellenos los dorayakis. Pronto el éxito llama a las puertas de la pastelería y Sentaro descubrirá en Tokue algo más que una empleada.

La directora japonesa Noami Kawase dirige y escribe este film, el décimo de su carrera. La prolífica reaizadora, de tan sólo 46 años, vuelve a conmover con una historia relativamente sencilla pero que propone un gran número de matices y lecturas al espectador. Kawase se basa en la obra de Durian Sukegawa para volver a poner de manifiesto, una vez más, que se puede hacer cine de alta categoría con pocas herramientas técnicas, tan "sólo" con sobriedad narrativa y trabajo con los actores.

Las interpretaciones de la veterana Kirin Kiki (Tokue)y Miyoko Asada (Sentaro) son el engranaje perfecto para el guión de Kawase, que busca, y encuentra, emocionar al público desde la simplicidad técnica. Los movimientos de cámara son escuetos y precisos, no interfieren en la atención del respetable. La fotografía es estática pero, no por eso, menos bella. Los planos detalle de la preparación del An, ó la filmación de los cerezos en flor, son muestras de ello.

Kawase es una fiel representante del cine japonés más contenido, el que busca suscitar más que impresionar. Nombres tan ilustres como Ozu y Mizoguchi son los predecesores de este modo de entender el cine, que tienen en Kawase una digna heredera. La directora ya sorprendió a la crítica con su primer largometraje, Suzaku, que le valió la Cámara de Oro en el Festival de Cannes de 1997. Su penúltimo film, Aguas Tranquilas,recibió elogios tanto del público como de la crítica y recuperó el pulso después de un periodo de escasa fortuna, tras las imprescindibles El Bosque del Luto y Shara.

Siéntense pues en la butaca y no esperen nada. Sólo déjense llevar por la historia, los personajes y, por qué no, por la vida. Estamos ante un film primaveral, fresco e impetuosamente reflexivo.